Religión o espiritualidad? Uno de los conceptos que más me impactó dentro del taoísmo es el wu wei, que se traduce como “no acción”
Ahora, a mi edad, no puedo decir que tenga certezas inamovibles sobre la espiritualidad, pero sí tengo algo claro: el taoísmo es lo más cercano a lo que resuena en mí.
Entre el Dogma y la Espontaneidad
La religión tradicional, con sus reglas y deberes estrictos, nunca terminó de encajar conmigo. No rechazo la fe ni a quienes la practican con devoción, pero la idea de un camino único y obligatorio siempre me pareció reduccionista. ¿Por qué tendría que forzarme a encajar en una estructura rígida cuando la vida misma es fluida, cambiante y llena de matices?
Aquí es donde el taoísmo se volvió relevante para mí. No es una religión en el sentido convencional, sino más bien una forma de entender la vida. No exige adoración, no dicta normas morales absolutas ni promete castigos o recompensas. En su lugar, observa la naturaleza, el cambio, el equilibrio.
El Wu Wei: Aprender a Fluir
Uno de los conceptos que más me impactó es el wu wei, que se traduce como “no acción” o “acción sin esfuerzo”. Al principio, me sonó a pasividad, pero con el tiempo entendí que no se trata de resignación, sino de aprender a moverse con el flujo natural de la vida en lugar de luchar contra ella.
En mis veintes, me obsesioné con el control: planificar cada paso, querer resultados inmediatos, temer los fracasos. Con el tiempo, comprendí que muchas veces la mejor respuesta es dejar de resistirse y permitir que las cosas se desarrollen por sí mismas. Esto no significa ser indiferente o inactiva, sino aprender a distinguir cuándo actuar y cuándo simplemente observar.
El Equilibrio en un Mundo Caótico
Vivimos en una era de hiperconectividad y estrés. Nos venden la idea de que el éxito es correr sin parar, acumular logros y nunca detenerse. El taoísmo me ha enseñado a cuestionar ese paradigma. La armonía no está en el exceso, sino en el balance.
Aplicar esta filosofía en mi vida ha significado soltar la culpa cuando no cumplo con expectativas ajenas, aceptar la impermanencia y recordar que la naturaleza misma nos da lecciones: el agua no se esfuerza, pero encuentra su camino; el árbol no lucha contra el viento, sino que se dobla con él.
Una Espiritualidad sin Ataduras
No necesito un templo, un credo ni un libro sagrado para sentirme conectada con algo más grande. La espiritualidad, para mí, está en lo simple: en una caminata tranquila, en la observación del cielo al atardecer, en la sensación de calma que surge cuando dejo de intentar controlar cada aspecto de mi existencia.
A mis 33 años, no me considero religiosa, pero sí encuentro en el taoísmo una guía que me permite navegar la vida con mayor serenidad. No tengo todas las respuestas, y probablemente nunca las tenga, pero quizás ese sea precisamente el punto: dejar de buscar verdades absolutas y aprender a fluir con lo que la vida trae.
Religión o Espiritualidad ¿Porqué nunca terminó de encajar conmigo?