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El fin de una era criminal: La muerte de "El Mencho"

El costo humano, la relevancia para México y los peligrosos escenarios criminales que se abren tras la muerte de "El Mencho".

Opinión
Hace 1 días

Este lunes, México despertó con una noticia que parecía sacada de un guion de cine: Nemesio Oseguera Cervantes, "El Mencho", líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), había sido abatido en un operativo militar en Tapalpa, Jalisco. La información, confirmada por el secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla, y el secretario de Seguridad Federal, Omar García Harfuch, marca un hito en la historia de la lucha contra el crimen organizado en México. Sin embargo, la euforia por la caída del capo más poderoso del país debe matizarse con un análisis sobre lo que este hecho significa, el costo humano que tuvo y los complejos escenarios criminales que se abren en su ausencia.

El operativo, resultado de meses de inteligencia militar y coordinación con agencias estadounidenses, fue un golpe certero al corazón del CJNG. Trevilla relató cómo se siguió la pista a través de una de las parejas sentimentales del capo, una estrategia que finalmente permitió ubicarlo en una zona boscosa de Tapalpa. Pero la huida de "El Mencho" entre la maleza, herido en el intercambio de disparos, no fue el final épico que el cine nos ha enseñado. Fue un final confuso, casi anónimo, que terminó con su muerte y la de sus escoltas durante el traslado a un hospital. En paralelo, "Tuli", su operador financiero, también fue abatido en El Grullo.

El costo de este golpe al crimen organizado ha sido, sin embargo, desgarrador. García Harfuch confirmó la muerte de 25 agentes de la Guardia Nacional, un custodio y un trabajador de la Fiscalía de Jalisco, además de una mujer que perdió la vida en el fuego cruzado. Las cifras, frías en los reportes oficiales, representan vidas truncadas, familias en duelo y un recordatorio brutal del precio que paga el Estado para imponer su autoridad. El momento más emotivo de la conferencia de prensa fue cuando el general Trevilla, con la voz quebrada y los ojos llenos de lágrimas, tuvo que hacer una pausa para rendir homenaje a sus compañeros caídos. "Cumplieron su misión", dijo, "se demostró la fortaleza del Estado mexicano". Y es cierto: la operación fue un éxito táctico, una demostración de que, con inteligencia y coordinación, el Estado puede llegar a quien parecía intocable.

La relevancia de esta muerte trasciende las fronteras mexicanas. Para Estados Unidos, "El Mencho" era una prioridad máxima, considerado uno de los narcotraficantes más peligrosos y buscados, con una recompensa de 10 millones de dólares por su captura. El CJNG no solo es el principal exportador de fentanilo hacia ese país – una droga que ha causado una crisis sanitaria sin precedentes – sino que ha diversificado sus actividades hacia la extorsión, el huachicol fiscal y el control territorial. La información de inteligencia estadounidense fue clave para el operativo, y la administración Trump ha reconocido la colaboración, aunque el gobierno mexicano ha actuado con soberanía. La muerte de "El Mencho" es, sin duda, un triunfo compartido en la guerra contra el narcotráfico, pero plantea preguntas complejas sobre la cooperación futura y la estrategia para desmantelar la estructura remanente del cártel.

Pero, ¿qué sigue ahora para el CJNG y para México? El abatimiento de un líder, por más icónico que sea, no significa el fin de la organización criminal. De hecho, los escenarios que se abren son múltiples y, en muchos casos, peligrosos. Por un lado, podría desatarse una lucha interna por el poder entre las diferentes facciones del cártel. Las disputas sucesorias suelen ser extremadamente violentas, y Jalisco, junto con los estados vecinos, podría vivir una escalada de violencia en las próximas semanas y meses. Por otro lado, existe la posibilidad de que el mando pase a un lugarteniente de confianza, alguien que pueda mantener la cohesión y evitar la fragmentación. Diversos nombres han sonado en el pasado como posibles herederos, pero el hermetismo del CJNG hace difícil cualquier predicción. 

Un tercer escenario, quizás el más inquietante, es que el vacío de poder atraiga a otros grupos criminales, como el Cártel de Sinaloa, que busquen expandir sus territorios a costa del CJNG debilitado. Esto podría desencadenar una guerra abierta entre las dos organizaciones más poderosas del país, con un saldo de violencia difícil de imaginar. La experiencia histórica nos dice que la caída de grandes capos, como la de Pablo Escobar o la de Joaquín "El Chapo" Guzmán, no significó el fin del narcotráfico. Las organizaciones se reconfiguraron, a menudo volviéndose más violentas en su proceso de adaptación.

El gobierno mexicano, consciente de estos riesgos, ha desplegado un operativo de contención en Jalisco y estados vecinos para evitar represalias y mantener el orden. La captura de 70 presuntos miembros del CJNG y el aseguramiento de un arsenal que incluía lanzacohetes, demuestra que la estrategia no se detiene con la muerte del líder. Pero el verdadero desafío será a largo plazo: desmantelar las finanzas del cártel, romper sus redes de corrupción y, sobre todo, fortalecer las instituciones locales para que el Estado recupere los territorios que el crimen organizado ha gobernado de facto.

La muerte de "El Mencho" es una victoria significativa, un golpe moral y estratégico a la organización criminal más poderosa de México. Sin embargo, como bien señaló el general Trevilla, "se puede ver desde muchas ópticas". Desde la óptica de los 25 agentes caídos y sus familias, la victoria sabe a luto. Desde la óptica de la seguridad nacional, es un paso necesario, pero no suficiente. México ha demostrado su fortaleza al abatir al capo. Ahora, debe demostrar su inteligencia para gestionar las consecuencias y evitar que su muerte sea solo el preludio de una nueva y más sangrienta etapa en la guerra contra el crimen. El desafío no ha terminado, apenas se transforma.