La crisis de residuos en la Ciudad de México, con miles de toneladas generadas diariamente, ha dejado de ser un problema ambiental para convertirse en un urgente reto de salud pública y gestión urbana. Frente a este panorama, la estrategia 'Ciudad Circular, Basura Cero' surge no como un simple plan de gobierno, sino como un modelo piloto de corresponsabilidad social. Su verdadero potencial radica en la integración de tres fuerzas: la rectoría y regulación del gobierno, la innovación y eficiencia de la iniciativa privada, y la participación consciente y organizada de la ciudadanía. Este triángulo virtuoso es lo que podría convertirla en un ejemplo replicable para otros estados de la República.
El gobierno de la Ciudad de México ha sentado las bases con una doble estrategia: normativa e incentiva. Por un lado, ha implementado un nuevo calendario obligatorio de recolección a partir de 2026, que exige a todos —hogares, negocios e instituciones— separar los residuos en cuatro categorías específicas. Esta medida, más que una imposición, es un marco claro y necesario para ordenar un sistema caótico. Por otro lado, complementa la regulación con un incentivo económico directo a la ciudadanía: un programa de vales canjeables por alimentos a cambio de entregar materiales como PET en centros autorizados. Este enfoque reconoce el valor económico de los desechos y busca generar un cambio tangible en los hábitos desde lo individual.
Sin embargo, la separación en origen sería insuficiente sin una infraestructura de clase mundial para procesar los materiales. Aquí es donde la iniciativa privada despliega su capacidad técnica y operativa. La puesta en marcha de la Planta de Selección de Azcapotzalco, la más grande y moderna de Latinoamérica, es el eje de este eslabón. Desarrollada con tecnología alemana de STADLER y operada por la empresa Pro-Ambiente (filial de CEMEX), esta planta puede procesar hasta 1,400 toneladas diarias, separando automáticamente una gran variedad de materiales reciclables. Este proyecto demuestra que la colaboración público-privada no es una concesión, sino una alianza estratégica donde el sector privado aporta eficiencia, inversión y conocimiento, mientras el gobierno dirige y supervisa el cumplimiento de los objetivos de interés público.
El tercer vértice, y quizás el más determinante para el éxito, es la ciudadanía. El modelo le otorga un rol activo y revalorizado: ya no es un mero generador pasivo de basura, sino un primer clasificador y un agente económico dentro de la cadena del reciclaje. La efectividad de la planta de Azcapotzalco y el valor del programa de vales dependen directamente de que los capitalinos separen correctamente sus residuos. La campaña masiva de concientización es, por lo tanto, tan crucial como la propia infraestructura. Se trata de construir una nueva cultura ambiental donde el ciudadano comprenda el impacto de sus acciones y se beneficie directamente de ellas.
Es precisa esta estructura de corresponsabilidad bien definida lo que hace al modelo de la CDMX potencialmente exportable. Otros estados y municipios que enfrentan crisis similares pueden adaptar este esquema. La lección central es que ningún actor puede resolver solo este problema: no basta con que el gobierno compre camiones de basura, ni con que una empresa instale una planta aislada, ni con exhortos a una ciudadanía sin herramientas ni incentivos. Se requiere un pacto social expresado en políticas claras, inversión inteligente en tecnología y un mecanismo que vincule el esfuerzo diario de las familias con un beneficio concreto.
El camino hacia una economía circular es complejo y largo. La CDMX está dando los primeros pasos con un plan que, por primera vez, integra de manera coherente la regulación, la infraestructura de punta y la participación social. Su éxito no solo aliviará la presión sobre los rellenos sanitarios y el medio ambiente, sino que puede iluminar el rumbo para toda la nación. La colaboración entre gobierno, empresas y ciudadanos deja de ser un eslogan para convertirse en el motor práctico de una transformación urbana necesaria. Ojalá este modelo de triple hélice encuentre eco y adaptación en todos los estados de México.