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La Declaración de Nueva Delhi. Regular la Inteligencia Artificial para protegernos de nosotros mismos.

La Declaración de Nueva Delhi es un paso histórico, pero no vinculante. ¿Por qué es urgente regular la inteligencia artificial?

Opinión
Hace 2 horas

La inteligencia artificial ya no es una promesa de ciencia ficción. Como bien detalla su definición más amplia, es un conjunto de capacidades que permiten a las máquinas imitar la inteligencia humana: aprenden de la experiencia, reconocen patrones, toman decisiones y hasta escriben poesía. Herramientas como los chatbots o los creadores de imágenes basados en inteligencia artificial generativa están al alcance de cualquiera con un clic. Este avance, sin embargo, no es neutral. Plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿debemos temer a las máquinas o al uso que los humanos hacemos de ellas?

La respuesta, evidentemente, es ambas. Pero el énfasis debe estar en lo primero: proteger al ser humano de sí mismo, de sus propias capacidades de crear, manipular y concentrar poder a través de la tecnología. Por eso, la reciente Declaración de Nueva Delhi, firmada por 88 países (entre ellos México) en el marco de la Cumbre de Impacto IA 2026, es un paso histórico, aunque insuficiente si nos quedamos solo en la celebración.

El acuerdo, el mayor de su tipo, establece principios fundamentales: impulsar una IA segura, fiable y transparente, mitigar riesgos como la desinformación masiva o los ciberataques, y reducir la brecha digital. Es un reconocimiento explícito de que el monstruo no es el algoritmo en sí, sino lo que podemos hacer con él. Hablamos de proteger al humano del humano que, escondido tras un prompt, puede crear mentiras para desestabilizar una democracia, o del humano que programa sesgos discriminatorios en sistemas de contratación o justicia. La declaración acierta al poner el foco en el uso centrado en el ser humano y la necesidad de transparentar los datos de entrenamiento.

Sin embargo, como bien señalan los análisis, este documento tiene una gran debilidad: no es vinculante. Sus directrices son voluntarias. Esto significa que, aunque 88 países (incluyendo potencias como EE. UU., China y la UE) se den la mano en la foto, en la práctica, una empresa o un gobierno pueden seguir priorizando el beneficio comercial o la ventaja geopolítica sobre la ética y la seguridad. La historia nos ha enseñado que la autorregulación de industrias poderosas suele ser un deseo piadoso. Necesitamos reglas del juego claras, que se puedan medir, auditar y, sobre todo, sancionar cuando se incumplan.

El riesgo de no hacerlo es mayúsculo. La misma Wikipedia que define la IA también nos recuerda el concepto de singularidad tecnológica: un punto hipotético donde una inteligencia artificial general, superior a la humana, podría volverse incontrolable. Aunque esa posibilidad parezca lejana, la IA generativa actual ya está sembrando el caos informativo y laboral. Necesitamos, convertir los buenos deseos de Delhi en "reglas claras, medibles y aplicables". ¿Quién supervisa? ¿Quién sanciona a una plataforma que permite la creación masiva de discursos de odio automatizados?

El futuro de la IA no se juega solo en los laboratorios de Silicon Valley o en las cumbres diplomáticas. Se juega en las leyes que cada país, incluido México, debe empezar a construir ya, con una visión propia que no nos deje como simples espectadores. La Declaración de Nueva Delhi es un excelente punto de partida, un espejo donde vemos reflejadas nuestras mayores ambiciones y nuestros peores temores como especie. Pero si no avanzamos hacia compromisos vinculantes, habremos firmado solo un documento más, mientras el verdadero poder de decidir nuestro futuro sigue sin control, en manos de unos pocos. Y esa es una batalla que, esta vez, no podemos darnos el lujo de perder.