Ir al contenido

La miasis humana por gusano barrenador, un riesgo latente que exige prevención

Qué es, cómo se contrae y recomendaciones para no contagiarse.

Opinión
Hace 9 horas

La reciente detección de los primeros casos de miasis por gusano barrenador en humanos en la Ciudad de México y Jalisco ha encendido las alarmas sanitarias. Si bien este parásito (Cochliomyia hominivorax) es conocido por diezmar al ganado, los hechos recientes nos obligan a entender qué es esta enfermedad, cómo se contrae y, sobre todo, cómo evitarla.

La miasis humana es una infestación parasitaria. No se trata de una simple infección, sino de la invasión de tejido vivo por las larvas de la mosca del gusano barrenador del Nuevo Mundo. A diferencia de otros gusanos que comen tejido muerto, estas larvas se alimentan exclusivamente de carne viva, causando heridas extremadamente dolorosas, que no sanan, sangran y desprenden un olor fétido. Como detalla el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), se puede observar el movimiento de las larvas en la herida, e incluso en orificios como nariz, boca u ojos, lo que requiere extracción médica inmediata.

¿Cómo se contrae? El ciclo comienza cuando una mosca hembra, atraída por el olor de una herida abierta (por pequeña que sea, como una picadura), deposita cientos de huevos. Estos eclosionan y las larvas penetran para devorar el tejido vivo. El riesgo es mayor para quienes viajan a zonas endémicas de América del Sur y el Caribe, pero los casos en México demuestran que ya es una amenaza local. Las personas con heridas, sistema inmunitario débil (como diabéticos) o que duermen al aire libre son las más vulnerables.

Para no contagiarse, las recomendaciones del CDC son claras y deben seguirse estrictamente:

  • Mantener limpia y cubierta cualquier herida o raspadura, por pequeña que sea.
  • Al viajar a zonas rurales o tropicales, usar manga larga, pantalones largos y tratar la ropa con permetrina al 0.5%.
  • Dormir en espacios interiores o con protección en ventanas.
  • Ante la sospecha (ver o sentir larvas en una herida), acudir al médico de inmediato, no intentar extraerlas uno mismo.

Es crucial dimensionar el problema. Si bien los casos humanos son aún pocos (27 registrados), los datos del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), muestran una epidemia en animales que puede desbordarse.

La aparición de este parásito en zonas urbanas como la alcaldía Tlalpan, con casos incluso en perros, nos advierte que no es un problema exclusivo del campo. La prevención individual, la vigilancia epidemiológica y la atención a heridas son las únicas barreras efectivas ante un enemigo que come carne viva. No esperemos a que los números crezcan para actuar.