Cada febrero, millones de personas se reúnen alrededor de la televisión para ver el Super Bowl. Para muchos, el ritual es incompleto sin un buen tazón de guacamole. Sin embargo, pocos conocen el viaje épico que realiza el aguacate desde los huertos mexicanos hasta nuestra mesa, ni el enorme esfuerzo de los productores que lo hacen posible.
Para entender esta tradición, hay que remontarse a 1997. Ese año, una empresa mexicana lanzó una campaña publicitaria durante el Super Bowl promocionando el guacamole. La estrategia, junto con una exitosa revalorización del aguacate como un alimento saludable y rico en grasas beneficiosas, detonó su consumo. Lo que antes era visto con desconfianza en Estados Unidos por considerarse "demasiado grasoso", se convirtió en un ícono de la comida casual y el espíritu deportivo. Hoy, solo para este evento, se consumen más de 120 mil toneladas de aguacate, según datos recientes. Esta cifra no es casualidad; es el resultado de una logística impecable impulsada por el tratado comercial de 1997, que permite que el "oro verde" cruce la frontera justo a tiempo para el partido.
Detrás de cada orden de guacamole hay una historia de origen profundamente mexicana. El aguacate es originario de las zonas altas del sur de México y el norte de Guatemala. Su nombre proviene del náhuatl "ahuacatl", que significa testículo, una referencia a su forma y a su asociación prehispánica con la fertilidad. La evidencia más antigua de su consumo data de 8,000 a 7,000 a.C. en una cueva de Coxcatlán, Puebla. De esta cuna milenaria provienen las principales variedades que se cultivan hoy, siendo la Hass la reina indiscutible por su textura cremosa y sabor, ideal para el guacamole. Otras variedades incluyen la Fuerte, de piel más delgada, y la Bacon, entre muchas otras que crecen gracias a un ecosistema único.
El liderazgo de México en este cultivo es indiscutible. Es el principal productor a nivel mundial, representando el 28.5% de la producción global, con Michoacán como el estado estrella, aportando más del 75% del volumen nacional. Le siguen en la lista de grandes productores Colombia y Perú, que ocupan el segundo y tercer lugar global respectivamente. República Dominicana, con su alto rendimiento, y Brasil también figuran como actores clave en este mercado latinoamericano que abastece al mundo.
Sin embargo, esta nota es también un reconocimiento. Detrás de las frías estadísticas de producción y exportación —que en 2024 superaron los 3,000 millones de dólares— hay un ejército de productores mexicanos que enfrentan retos titánicos. Desde las más de 30,000 hectáreas dedicadas exclusivamente a cubrir la demanda del Super Bowl, hasta el reto ambiental que implica el cultivo, que requiere aproximadamente 600 litros de agua por cada kilo de aguacate.
Así que, la próxima vez que disfrute de un guacamole, recuerde que no solo está saboreando una deliciosa tradición. Está siendo parte de un esfuerzo monumental de los agricultores mexicanos, guardianes de un fruto con más de diez mil años de historia, que con su trabajo diario llevan un pedazo de México a las mesas del mundo entero.