La llegada de los centros de datos a Querétaro, particularmente al municipio de Colón, es presentada por autoridades y empresarios como un sinónimo de progreso y vanguardia tecnológica. Se habla de miles de millones de dólares en inversión, de un “Valle de los Data Centers” y de la oportunidad de atraer 18,000 millones de dólares al país hacia 2030. Sin embargo, para los habitantes colonenses, esta promesa de desarrollo tecnológico suena hueca cuando en su vida diaria enfrentan una realidad muy distinta, la escasez de agua, la presión sobre los servicios y la falta de empleos bien remunerados.
Por eso, se debe alzar la voz para exigir algo que debería ser un requisito básico, que las empresas que se instalen en territorio mexicano generen empleos de calidad, ahorren energía y se comprometan de manera vinculante a reciclar el agua. De lo contrario, la “prosperidad” será solo para los accionistas, mientras nosotros pagamos las consecuencias.
El problema es evidente. Mientras el secretario de Desarrollo Sustentable, Marco del Prete, presume que Querétaro aloja el 79% de la capacidad instalada de centros de datos del país, las comunidades como La Esperanza o Viborillas ven cómo el campo y los cerros son devorados por naves industriales. “Lo malo es que ya nos están dejando sin nada, ya todo se está urbanizando… Es triste que estén terminando con toda la naturaleza”, lamenta Hortencia Huerta, vecina de Colón. Su testimonio refleja el sentir general, el desarrollo llega, pero no para cuidar el entorno.
El agua es el punto más crítico. Ocho de los 11 acuíferos del estado están sobreexplotados, y la industria tecnológica es una voraz consumidora de este recurso para enfriar sus servidores. La opacidad es total, ni el gobierno estatal ni las empresas transparentan cuánta agua utilizan. Mientras tanto, la ciudadanía sufre cortes y baja presión. ¿Por qué habríamos de permitir que unos cuantos centros de datos pongan en riesgo el derecho humano al agua de 68,000 colonenses? La exigencia es clara, reciclaje de agua obligatorio, sistemas de enfriamiento eficientes y cesión de parte de las concesiones hídricas a la red municipal.
La energía es otra deuda. La presidenta Sheinbaum lo ha reconocido: los centros de datos requieren enormes cantidades de electricidad. En un contexto de posible saturación de la red, el ahorro energético no puede ser una cortesía, sino una condición. Las empresas deben implementar tecnologías de bajo consumo y generar su propia energía renovable en sitio, para no agotar la capacidad disponible que ya necesitan los hogares y pequeñas industrias locales.
Pero quizás la mayor decepción es el empleo. Las tecnológicas prometen miles de plazas, pero la realidad para la mayoría es otra. Alejandro Jiménez, ejidatario de Viborillas, sigue trabajando el campo y en una transnacional avícola, sin ver los frutos de la industria tecnológica. La propia asociación MEXDC (Asociación Mexicana de Data Centers) admite que los sueldos iniciales calificados rondan los 22,000 pesos, pero que solo una de cada cinco personas en Colón terminó la preparatoria. El resultado son empleos de baja calificación, mal pagados y temporales, igual que en las fábricas tradicionales.
No estamos en contra del desarrollo, pero éste no puede ser a costa nuestra. Las autoridades, estatales y municipales, deben poner condiciones claras. Ya es hora de que el mito del progreso tecnológico deje de ser una excusa para el saqueo de los recursos. Exigimos empleo, agua y energía para nuestra gente. No más promesas incumplidas.
Empiece a escribir aquí...